VISIÓN GENERAL
Como técnico agrícola especializado en materia agronómica, en mi día a día la conversación más habitual con los ganaderos es ¿cómo conseguir producir más leche por vaca/año con la mejor salud posible en los animales?
Se está mejorando la genética del vacuno lechero, se está haciendo un esfuerzo importante en mejorar el bienestar animal, renovando equipos e instalaciones, buscando continuamente insumos más económicos: materias primas (cereales, forrajes o suplementos), piezas de mantenimiento, maquinaria, seguros, medicamentos, etc.
Hacemos todo esto, evidentemente, para conseguir una máxima eficiencia en la producción lechera, y por consiguiente, para reducir lo máximo posible los costes de producción e incrementar la productividad del trabajador.
Cuando se me propuso colaborar en esta revista defendiendo esta temática, para mí de suma importancia, realmente estaba convencido: “es uno de los caballos de batalla más importantes a tener en cuenta en la gestión económica de una granja.”
Cada vez más, debido a la situación actual del mercado, debemos hablar de rendimientos de producción de leche por hectárea. Debemos ser capaces de obtener los mejores rendimientos agrícolas en nuestras parcelas, y no hablo de producción en kilogramos por hectárea, si no de litros de leche por hectárea.
Nos obsesionamos con buscar kilogramos, y debemos buscar calidad, digestibilidad y litros por hectárea.
Antes de nada debemos tener claros varios conceptos agronómicos y saber de qué partimos. Estos son importantes a la hora de afrontar un proyecto de gestión económica en la granja:
- DISPONIBILIDAD DE SUPERFICIE AGRÍCOLA
De cuánta superficie agrícola disponemos, tanto en cultivo permanente (pradera) como en tierra arable (maíz-ray-grass/leguminosas). Tenemos que adaptar la alimentación de nuestra cabaña ganadera a los recursos de los que disponemos.
- SITUACIÓN GEOGRÁFICA Y OROGRÁFICA DE LA GRANJA
El tipo de cultivo y su producción variará de manera importante de zonas de litoral a zonas de interior o de alta montaña, por su condición climática.
Cabe decir que si no dispusiéramos de terreno agrícola esto no tendría sentido, por lo que no quedaría más remedio que hacer frente a un gasto extra de forraje.
- LAS NORMATIVAS COMUNITARIAS
Dichas normativas en materia medioambiental, con respecto al tratamiento de purines y su contaminación por el nitrógeno, nos condicionan aún más a la hora de diseñar una granja en cuanto a número de animales y superficie agrícola disponible:
La Directiva 91/676/CEE del Consejo relativa a la protección de las aguas subterráneas contra la contaminación producida por estiércoles o nitratos utilizados en la agricultura, fija en 170 kg las aportaciones de nitrógeno anuales por hectárea, por lo que a la hora de diseñar una explotación ganadera debemos de hacer frente también a esta normativa medioambiental.
A partir de aquí, y sabiendo de donde partimos, ya podemos organizar mejor la alimentación de los animales. Con ello, el ganadero o su nutrólogo podrá conformar una ración base lo más uniforme posible a lo largo de todo el año.
RACIÓN BASE
Básicamente, y sin entrar en mucha tecnificación puesto que no es el cometido de este artículo, una dieta base en una explotación de vacuno de leche en la Cornisa Cantábrica se compone de ensilados de maíz, hierba (pradera o ray-grass anual), pienso compuesto, paja de cebada o trigo y alfalfa. Dependiendo de la disponibilidad de superficie agrícola, variarán dichos ingredientes. Aunque existen ganaderías que explotan el cultivo de la alfalfa, no lo considero representativo por el tipo de suelo y climatología de la zona norte de España.
Observemos varias raciones típicas:
- SILO DE MAÍZ: 16-18 kg (hasta 30 kg).
- SILO DE HIERBA: 14-18 kg (hasta 22 kg si hay disponibilidad y es de buena calidad).
- CONCENTRADO O PIENSO: 10-14 kg.
- ALFALFA: 0-2 kg (hasta 5 kg si no hay silo de hierba).
- PAJA DE CEBADA O TRIGO: 0-2 kg.
Si hablamos de una ingesta media diaria de entre 22 y 24 kg de materia seca para obtener medias lecheras diarias de entre 31 y 37 litros (dependiendo siempre del estado de lactación medio en ese momento), y teniendo en cuenta que la materia seca de nuestros forrajes podrá variar dependiendo de muchos factores, es indiscutible que entre un 50-60% de nuestra ración es FORRAJE PROPIO, por lo que debemos ser lo más profesionales posibles para producirlos con la mejor calidad.
CALIDAD Y VALOR NUTRICIONAL DE UN FORRAJE
El concepto de calidad de un forraje es fundamental a la hora de rentabilizar al máximo una ración.
El coste de la ración por vaca y día puede llegar a variar entre 5 y 6,5 €, por lo que somos responsables de casi el 60% de ese coste, y debemos ser lo más eficientes posibles.
Está claro que somos muy exigentes a la hora de adquirir un forraje o un pienso compuesto. Exigimos calidad de materia prima, buena proteína y almidón.
¿SOMOS ASÍ DE EXIGENTES EN LA OBTENCIÓN DE NUESTROS PROPIOS FORRAJES?
Está claro que existen factores, como el clima o las plagas, que pueden malograr una buena cosecha, pero que no dependen de nosotros. Por tanto, centrémonos primero en hacer un buen trabajo al margen de estos condicionantes.
Para irnos familiarizando voy a exponer una serie de parámetros que determinan la calidad de un forraje, en este caso de los ensilados de hierba y maíz:
1.MATERIA SECA
Este parámetro indica lo que realmente aprovecha la vaca, el resto es agua. Es muy habitual en el día a día hablar de kg por hectárea de forraje en verde, pero de nada sirve que rindamos muchos kilos si tiene demasiada humedad y la materia seca es baja, por lo que debemos hablar de kg por hectárea en materia seca.
Buscaremos materias secas “altas”, de calidad y más rentables.

Los pre-secados en campo, justo tras la siega, son vitales para obtener mejores forrajes, al igual que evitar excesos de fertilizaciones nitrogenadas que malogran su calidad final. Con materias secas cercanas al 30%, conseguiremos facilitar la tarea de prensado y evitaremos pérdidas de MS durante el proceso fermentativo. Es fácil encontrar ensilados de hierba y ray-grass con valores de 15-20% de materia seca, en cambio en maíz encontrarnos con un 30% es bastante usual.
Cosechar ensilados con baja materia seca genera sobrecostes para la granja, mayores gastos de insumos como plásticos y combustibles, y mayores pérdidas por mala conservación.

2. PROTEÍNA BRUTA
Es uno de los caballos de batalla más importantes a la hora de rentabilizar al máximo una ración. No debemos olvidar que es la proteína la que condiciona en mayor medida el precio de un pienso o un forraje (como una alfalfa deshidratada, por ejemplo), por lo que, siempre que podamos, debemos obtener la máxima proteína posible en nuestros forrajes de ray-grass y hierba.
1% PB = 6,9 €/t de MS (SOJA 44% PB 325€/t)
En el maíz, el valor de la proteína ocupa una menor importancia puesto que buscamos otro tipo de parámetro, como el de energía en forma de almidón y fibra.

La proteína en la hierba la podemos incrementar, por ejemplo, introduciendo una leguminosa (trébol), tanto en pradera como en el cultivo de invierno que precede al maíz. Dentro del grupo general de los ray-grass también los encontramos con mejor desarrollo proteínico.
El factor limitante en la calidad proteínica de un forraje es el momento de su corte, junto a una correcta y equilibrada nutrición vegetal: alturas de entre 40-50 cm o inicio de espigados en gramíneas y con un 5% de floración máxima (aparición de los primeros botones florales) en leguminosas.
3. FIBRA BRUTA (FB), FIBRA ÁCIDO DETERGENTE (FAD) Y FIBRA NEUTRO DETERGENTE (FND)
Cuando hablamos de fibra, recordamos muchas definiciones que escuchamos habitualmente: la fracción menos digestible de los alimentos, el componente estructural de la pared celular de las plantas (el que sujeta firme el cultivo) o la fracción del alimento que promueve la rumia.
En términos de alimentación se suele hablar de fibra como la parte de un alimento que limita la digestión y que ocupa un espacio en el rumen que limita la ingestión.
No vamos a profundizar en términos bioquímicos, pero sí me gustaría dejar claro qué tipos de fibra son más aprovechables y cuáles no. Aquí es donde entran los términos de fibra ácido detergente (FAD) y de fibra neutro detergente (FND), que a nivel de aprovechamiento y rendimiento nutricional es importante que conozcamos:
- La FAD se correlaciona negativamente con la DIGESTIBILIDAD de los alimentos y, por lo tanto, con su aporte energético. Esta es una medida de la celulosa y la lignina principalmente (componentes estructurales de la pared celular de las plantas).
- La FND ofrece una estimación más precisa del total de fibra o pared celular en el alimento. La FND es una medida de la celulosa, hemicelulosa y lignina. De las diferentes fracciones de los alimentos y forrajes, la FND es la que mide mejor la capacidad de los mismos de ocupar volumen en el tracto gastrointestinal, por lo que generalmente se asocia con el llenado físico del animal, o sea, con su capacidad de consumo de materia seca (ingestibilidad).
La fuente predominante de fibra en las dietas de animales de lechería es el forraje, el cual promueve el masticado y la rumia aumentando con ello el flujo de saliva, que es la mayor fuente de sustancias tampón para el rumen, estabilizando su pH.
Asimismo, constituyen los sustratos, que al ser fermentados por los microorganismos del rumen promueven la síntesis de ácidos grasos volátiles, los cuales a su vez constituyen la principal fuente de energía para el rumiante.

A efectos prácticos, el punto óptimo de corte en hierba y ray-grass es poco antes del espigado con unos 40-50 cm de altura. En este momento podemos conseguir la combinación correcta de cantidad, con calidad de fibra más digestible.
Queda más que claro que una hierba poco digestible es aquella que ofrece tallos leñosos con pocas hojas. También es importante y recomendable segar a una altura de 7-8 cm del suelo, lo que mejora la digestibilidad, el contenido en azúcares y el rebrote. Además salvaguardamos nuestro ensilado de contaminaciones por restos de tierra, rastrojos de cosechas anteriores o abono orgánico.
En el cultivo de maíz, además de la importancia de utilizar variedades con mejor disposición genética en fibra digestible, el punto de inflexión lo marcamos a partir de los 2/3 de línea de llenado del grano de maíz, a partir del cual va cayendo la digestibilidad de este.
3.1. DIGESTIBILIDAD E INGESTIBILIDAD DE UN FORRAJE ASOCIADA A LA FIBRA
Aunque son dos parámetros que ya sabemos que marcan la calidad de la fibra, he creído oportuno hacer una breve mención técnica de estos porque, en mi día a día laboral, observo que muchos ganaderos los desconocen y, personalmente, los considero fundamentales a la hora de tomar la decisión de cortar un forraje o de seleccionar una semilla u otra para la siembra.
La digestibilidad es el valor que marca cuánto de lo que hemos producido es aprovechado por la vaca (valor energético) y la ingestibilidad es la cantidad de forraje que puede ingerir una vaca.
Valores óptimos de ambas fibras (buscando siempre un equilibrio también con almidón y proteína), nos llevará a una mayor digestibilidad del forraje, mayor ingesta y, como consecuencia, mayor producción lechera. La parte indigestible nos va a ocupar un espacio en la panza del animal sin aportarnos nada.
Un parámetro de obligado análisis a la hora de valorar un silo forrajero es el % FND digestible (dFND). Este es el porcentaje de la FND potencialmente digerible y nos sirve para hacer un ranking de los forrajes en función de la digestibilidad potencial de su fibra, dándonos finalmente un valor más real y acertado de rendimiento de producción lechera por materia seca. Encontramos en el maíz valores de dFND de entre 45% y un 60% (excelente).
Aumentando un 1% la dFND, incrementaremos la producción en 0,2 litros vaca/día.
Otro parámetro importante es el Valor Relativo al Forraje (VRF), que engloba a los términos descritos de digestibilidad e ingestibilidad, indicando su potencial en ambos parámetros.


4. ALMIDÓN
El almidón es un tipo de hidrato de carbono presente en el grano de maíz, y representa más de la mitad de la energía total del silo.

1% Almidón = 2,9 €/t de MS (MAÍZ 63% almidón 183€/t)
A efectos prácticos, a medida que el grano de maíz madura va aumentando el contenido en almidón y la dureza del mismo, mientras que la digestibilidad de fibra va cayendo, por lo que debemos de buscar ese punto óptimo (2/3 de línea de llenado) para obtener la máxima calidad de nuestro ensilado de maíz.
Aparte del momento óptimo del corte y unas buenas prácticas de ensilado para conservar mejor el forraje (tamaño de partícula con mejor procesamiento de picado y correcta fermentación), debemos de añadir otro punto importante y no muy conocido, que es la digestibilidad del almidón.
Esta dependerá del tiempo de fermentación y de la genética de la variedad de maíz. A medida que el maíz permanece ensilado, aumenta la solubilidad de sus proteínas, y por tanto, la digestibilidad del almidón, al quedar este liberado. Es por ello que se recomienda esperar incluso hasta 6 meses para empezar el silo.
Con una disminución del contenido del maíz fecal (eliminado en heces) de un 1% vamos a tener una liberación de energía adicional suficiente como para aumentar la producción lechera en 0,34 litros, con un constante consumo de materia seca. Por lo que se concluye que los valores óptimos serían concentraciones de almidón fecal por debajo de 4,5% con digestibilidades de almidón en torno al 90%.(Universidad de Pensilvania).
Es habitual encontrarnos con valores de entre el 60-70% de digestibilidad de almidón, por lo que nos encontramos ante una oportunidad real más para ser más competitivos en nuestra producción lechera diaria.
Cada vez más, los expertos en nutrición están hablando de “Formulación Dinámica de las raciones”. La llamada degradabilidad del almidón en rumen forma parte de este nuevo nivel de nutrición, donde se estudia en gran profundidad la digestibilidad.
5. UFL (UNIDAD FORRAJERA LECHERA)
Es la cantidad de energía neta para la producción de leche que contiene 1 kg de cebada de referencia (1 UFL). Es la unidad más común empleada para el racionamiento lechero y se obtiene a través de una fórmula donde intervienen valores como la proteína cruda digestible, fibra cruda digestible y grasa cruda digestible.

6. pH
Es un valor de calidad de nuestro forraje que nos indica una correcta o incorrecta fermentación, es decir, su capacidad o no para conservarse lo mejor posible a lo largo del tiempo.
Es un valor limitante del crecimiento de microorganismos, es decir, una barrera necesaria para evitar que nuestro forraje se malogre en el tiempo.
El pH depende única y exclusivamente de nosotros. Cuanto mejor sea nuestro forraje inicial, es decir, cuanto mejor sea su cosecha (momento óptimo de corte o picado), mejores sean sus condiciones de ensilado, compactado y sellado, y mayor sea el tiempo de fermentación, mejores bajadas de pH conseguiremos y por lo tanto mayor conservación de nuestro ensilado a lo largo del tiempo, obteniendo también mejores cualidades organolépticas de nuestro forraje (ácido láctico).

Si no conseguimos que nuestro forraje de hierba baje de pH 5, este será susceptible a un ataque microbiano desarrollándose fermentaciones secundarias tipo butíricas, por lo que debería ser rechazado para alimentar nuestro ganado.
Es vital en ensilados de hierba en primavera utilizar conservantes para ayudar a proteger mejor nuestro forraje (pH en torno a 4,5). En el maíz, debido a su concentración en azúcares, las bajadas de pH son más fáciles de conseguir y su correcta fermentación dependerá casi exclusivamente de la materia seca.
7. PRODUCCIÓN
De nada nos sirve producir muchos kg de un alimento si después las vacas no pueden transformarlo en leche. La producción debe medirse siempre en kilos o toneladas de materia seca por hectárea, que a su vez debemos conseguir traducir en litros de leche por hectárea.
Es importante familiarizarnos con este concepto, puesto que así sabremos sacar el máximo provecho a nuestro cultivo. Por lo tanto, la rentabilidad de nuestro cultivo, además de obtenerla con una buena producción, debemos de obtenerla de calidad, que es la que nos limitará la producción lechera por hectárea.
Una vez explicados brevemente estos siete parámetros de calidad necesarios para catalogar nuestro forraje, voy a comentar más específicamente los cultivos; cual es el que mejor se adapta a nuestras condiciones, y cuales son las mejores prácticas de manejo para conseguir la mejor calidad posible y, por lo tanto, una mejor producción lechera con ellos.
TIPO DE CULTIVOS, MANEJO Y CUANTIFICACIÓN DE SU PRODUCCIÓN
- RAY-GRASS ANUAL O BIANUAL Lolium multiflorum
Aporta, bien gestionado, un buen rendimiento, principalmente en proteína, fibra y en menor lugar, de energía. Es el cultivo que precede al maíz.
A la hora de elegir un tipo de ray-grass para nuestras parcelas, existen varios tipos:
RAY-GRASS ITALIANO WESTERWOLDICUM (VALLICO)
Es un ray-grass estrictamente anual y uno de los más productivos, con un rapidísimo crecimiento y con gran capacidad de rebrote.
Es el más usado en Cantabria para obtener forraje destinado a ensilar. Generalmente se le aprovechan dos cortes anuales con un corte previo de limpieza más que necesario para eliminar especies adventicias (malas hierbas) y mejorar la calidad de la siega posterior, aunque si las condiciones climáticas son favorables y se realiza una correcta fertilización, hemos visto en ocasiones hasta cuatro cortes.
Se estima su producción anual en una media de entre 12.000 kg y 15.000 kg de materia seca por hectárea/año, y con capacidad de obtener buenos rendimientos forrajeros en proteína (17%) y en digestibilidad (46% de FND) si se fertiliza correctamente y si se corta en su momento óptimo (altura de 4050 cm y justo un poco antes del espigado) y con buenas condiciones climáticas.
Bajo estas premisas, se pueden obtener perfectamente una media de entre 1.300 y 1.500 kg proteína bruta/hectárea/año. Traducido a producción lechera, podremos conseguir entre 18.000 y 23.000 litros/ha/ año (teniendo en cuenta valores medios de 0,74 UFL de nuestro forraje) .
En el Cuadro 1 os dejamos varios ejemplos de ensilados de diferente calidad, con sus rendimientos y beneficios correspondientes:

Los ensilados 1 y 2 difieren en las UFL, es decir, en su digestibilidad de fibra y proteína, y los ensilados 3 y 4 difieren en su contenido proteico.
De este modo observamos que la gestión de nuestros forrajes es vital para administrar la economía de nuestra granja.
Lo que aumentemos en proteína en nuestros ensilados lo reduciremos en nuestro pienso. Lo que mejoremos en UFL lo recibiremos en aumento de producción lechera directa.
Para mejorar la calidad de silos y no expoliar tanto el suelo, es necesario hacer rotaciones cada varios años implantando tréboles de invierno o incluso otro tipo de leguminosa junto al ray-grass. Una proporción de 80% gramíneas (ray-grass) y 20% leguminosas (trébol, veza) es más que suficiente para conseguir un alto valor proteico en nuestros silos (hasta un 20% en proteína), mejorando mucho las condiciones del suelo (fijación de nitrógeno y más sueltos). Evidentemente, penalizamos la producción media en materia seca, que desciende, pero mejoramos las condiciones del suelo para el siguiente cultivo (greening) y garantizamos mejores niveles proteicos.
RAY-GRASS ITALIANO BIANUAL
Posee un rendimiento natural de dos años y, dependiendo de las condiciones ambientales, presenta mejor producción y calidad nutricional que su pariente el westerwoldicum anual. Su uso más común es para las resiembras en pradería por su duración y calidad. En Galicia es habitual encontrarlo de uso anual como cultivo precedente al maíz.
- HIERBA O PRADERAS MIXTAS PERMANENTES Lolium perenne y Lolium hibrydum
Para praderas mixtas de siega y pastoreo, la combinación del ray-grass híbrido y/o de ciertas variedades de ray-grass inglés mejora la producción en otoño, manteniendo un buen crecimiento sin perder producción en el corte, que podemos hacer para obtener hierba seca durante el verano.
El ray-grass híbrido, como su nombre indica, se obtiene de la hibridación del ray-grass inglés plurianual junto al italiano anual, heredando las mejores cualidades de ambos: alto rendimiento, alta calidad durante largo tiempo, persistencia y menor formación de tallos florales, por lo que es de gran digestibilidad. Por su gran adaptación, coste, producción y la calidad que otorga al forraje, se está usando cada vez más para resembrar praderías.
El ray-grass inglés es el que encontramos de manera natural en nuestras praderas. Produce kilogramos de gran calidad y apetecibilidad para el ganado, pero es exigente para los suelos y tolera mal la sequía y el exceso de agua. Bien gestionado confiere gran duración a las praderas. Es recomendable su asociación con leguminosas, tanto con trébol blanco como con el violeta (más productivo).
El híbrido es muy productivo, casi tanto como el italiano; y el inglés produce aproximadamente un 20% menos por ha/año. Estos, bien gestionados, pueden durar casi 4 años, y el inglés bastante más, aunque es menos tolerante a condiciones climatológicas adversas, por lo que la decisión a la hora de elegir uno u otro para la resiembra dependerá de la región climática y del manejo de fertilización que hagamos.
Generalmente, a la pradera se le aprovechan entre 5-6 cortes anuales en zonas de litoral, bajando a 2-3 en el interior. Todo ello dependiendo de un correcto manejo de la pradera y unas buenas prácticas de corrección y fertilización del suelo.
La producción media anual es menor que en el caso del ray-grass italiano anual. El ray-grass inglés es aproximadamente un 20% menos productivo que los wester anuales y también menor en proteína, salvo si en la pradera introducimos leguminosas (trébol blanco de mayor valor nutricional y trébol violeta, de mayor productividad) mantenidas siempre con buenas correcciones y fertilizaciones en el suelo.
Para que nos hagamos una idea, la producción media de una pradera de zona de litoral se encontraría en torno a los 11.500 kg de materia seca por ha/ año aprovechando 5 cortes. En zonas de interior de 2-3 cortes bajaríamos a los 7.500 kg.
Personalmente, es importante que el ganadero mantenga un mínimo de hectáreas suficientes de pradería para compensar las posibles reducciones en la producción en las tierras arables por malos años climáticos, para cumplir la normativa medioambiental de nitratos y de bienestar animal, para poder mantener una ración estable y de calidad de ensilado de hierba durante el año y para poder aplicar los purines, puesto que en las tierras arables durante la época de otoño e invierno es casi imposible acceder a estas parcelas.
En Cantabria el terreno es muy limitado y no es fácil buscar un equilibrio entre tierras arables y praderas permanentes, por lo que nos ajustaremos lo más posible a la necesidad de la explotación.
- MAÍZ Zea Mays
Es el cultivo posterior al ray-grass y el que va a comprender casi el 25-30% de la ración diaria de nuestras vacas. El maíz nos va aportar básicamente energía, procedente directamente del almidón de la mazorca y de la fibra del tallo y de las hojas.
Aproximadamente, una ración base con 20 kg de maíz nos rendirá en torno a 7-8 litros de leche por vaca y día.
¿QUÉ VARIEDAD DE MAÍZ SIEMBRO?
Primero debemos decidir qué ciclo vamos a sembrar, es decir, dependiendo de la zona geográfica (altitud), tipo de suelo, de la época de siembra y de cuándo lo queremos cosechar, elegiremos un ciclo de más o menos días para alcanzar su madurez correcta.
Como casi siempre en la agricultura, esta toma de decisión es arriesgada, de modo que lo más recomendable es utilizar ciclos medios de entre 100 y 120 días (ciclos 400-500).
Además, debemos tener en cuenta también:
SANIDAD VEGETAL
Para que nuestro silo esté “sano” es fundamental que la variedad elegida presente una buena sanidad foliar, sobre todo frente a Roya y Helminthosporium (que son los hongos más abundantes en la Cornisa Cantábrica). La única forma que tenemos de actuar frente a estas enfermedades foliares es la genética.
STAY-GREEN
Es la capacidad de la variedad elegida para mantenerse verde hasta el momento de la cosecha. Con ello conseguiremos un ensilado bien compactado y bien conservado en el tiempo. Para conseguir esto, además de partir de una buena genética, debemos de gestionar correctamente el suelo: pH correcto y necesidades de fertilizantes correctas y equilibradas.
DIGESTIBILIDAD
Esta supera a los parámetros de producción o almidón. De nada nos sirve obtener muchos kilogramos si no son aprovechables. La parte digestible es la parte que la vaca va a transformar en leche: cuanto más digestible sea una variedad, más eficiente será la producción de leche y mayor beneficio nos aportará esa variedad.
PRODUCCIÓN
La producción la medimos en kilos de materia seca y hectárea. Dependiendo de los factores ya descritos, nos podremos encontrar con medias de rendimiento de entre 13.500 y 15.000 kg de materia seca por hectárea.
Si el 60% de la materia seca procede de la mazorca, mi consejo como técnico es que busquemos variedades equilibradas, de nada nos sirve sembrar variedades de ciclo largo por querer obtener más kilogramos de materia verde si en realidad vamos a obtener peores parámetros de almidón y digestibilidad.
Además, un maíz alto es susceptible de caída por el viento, por lo que no debemos obsesionarnos con híbridos de gran altura.
ALMIDÓN
El almidón representa más de la mitad de la energía total del silo. A medida que el grano de maíz madura, va aumentando el contenido en almidón y también aumenta la dureza del mismo. Un punto crítico de control importante para poder obtener la máxima energía presente en el almidón es el picado de este, siendo importante triturar y aplastar bien los granos, evitando así pérdidas de este almidón en las heces de los animales.
La producción lechera por hectárea es complicada de obtener con exactitud, entran muchísimos parámetros tales como kilogramos de MS, digestibilidad de fibra, proteína y grasa o almidón. Podremos afirmar con rotundidad que de nada sirve tener gran cantidad de materia seca si realmente esta no se puede transformar en leche. Todos los parámetros de calidad van en consonancia.
En el Cuadro 2 se aportan datos de muestreos hechos el año pasado, en una misma parcela de Loredo (Cantabria) en un ensayo de Dekalb, donde valoramos, entre otras cosas, densidades óptimas de siembras para obtener la máxima rentabilidad de litros de leche por hectárea al cultivo. Todos los parámetros son fundamentales a la hora de determinar la calidad final de un ensilado.

Cuadro 2: Comparamos dos variedades, 1 y 2 de igual ciclo con diferencias altas en almidón indicando el beneficio neto que supone, y por otro lado otras dos variedades con diferentes digestibilidades de la fibra con sus respectivos rendimientos. Las muestras de ensilado se procesaron en la Universidad de Wisconsin en su Departamento de Agronomía bajo el sistema MILK2006 (Dekalb).
Todo buen manejo de nuestros cultivos se traduce en beneficios más que evidentes: elegir una buena variedad comercial (genética) que nos otorgue sanidad, stay-green, alta producción de materia seca, digestibilidad de las fibras y almidón… solo así conseguiremos obtener índices altos en litros de leche por hectárea, maximizando el beneficio económico de nuestra explotación lechera.
CONCLUSIONES
Básicamente, el fin de este artículo es el de acercaros a efectos prácticos a cómo influyen unas buenas prácticas agrícolas y ganaderas en el coste de la ración vaca y día, es decir, todo lo que podemos ahorrarnos si cuidamos de nuestro forraje.
Forrajes externos como la alfalfa o la veza, y materias primas como la soja, fluctúan según el mercado actual, de modo que nos podemos encontrar precios desorbitados en un determinado momento. Si hablamos de que prácticamente en el 80% o más de las ganaderías, el forraje ocupa casi el 60% del coste de la ración diaria, somos máximos responsables de más de la mitad de dicho coste.
Debemos aprovechar lo mejor posible el campo, con cultivos adecuados a nuestros suelos, con buena riqueza y buen pH, desarrollar adecuadamente nuestro cultivo con buen laboreo y un correcto manejo de nuestra materia orgánica (purines) y de fertilizantes sostenibles, buscar el momento óptimo de cosecha (no esperar a que crezca más cuando quizá está perdiendo valor nutritivo), buscar presecados acordes al cultivo y a las condiciones climáticas mejorando contenidos en materia seca (no menos del 20% ni más del 40%), usar rotativas acondicionadoras para favorecer el presecado, distribuyendo mejor el forraje en cordones, con alturas de corte no inferiores a los 6 cm, mejorando así la digestibilidad y favoreciendo rebrotes.
Hay que favorecer en determinadas ocasiones una mejor fermentación añadiendo aditivos (conservantes), sobre todo en primavera, con buenos manejos de cierre y compactación de los silos, reduciendo al máximo el oxígeno residual que haga proliferar mohos y levaduras y cumplir a la perfección los plazos de fermentación correctos. Todo esto teniendo en cuenta unas buenas condiciones climatológicas, pero como estas no las podemos cambiar, debemos planificar cuidadosamente las tareas del ensilaje, prestando especial atención a las previsiones meteorológicas.
Con mejores forrajes conseguiremos mayores ingestas, y podremos aumentar la cantidad de estos en las raciones de nuestros animales, consiguiendo mayores rendimientos lecheros con menos problemas.
No es tarea fácil cuantificar la producción de leche por hectárea y año. He querido acercaros datos aproximados para suscitar un mayor interés y una mayor responsabilidad en desarrollar lo más correctamente posible la agricultura en una granja.
En resumidas cuentas: un buen manejo de nuestro campo se traduce en un ahorro en la ración de hasta 0,5 € por vaca y día. Si una granja media en Cantabria se encuentra en torno a las 70 vacas por ejemplo, podremos ahorrar al año casi 13.000 €.
Sigue leyendo este contenido
Regístrate gratis o inicia sesión para acceder a todo el contenido de rumiNews.







